el valor de la vida

Tus días escritos en Su libro: El valor de la vida desde el corazón de Dios

Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de Ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra.

Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos. Salmo 139: 13-16 NBLA

La palabra hebrea (sakak) es un verbo que significa principalmente tejer, entrelazar o cubrir, evoca la imagen de un tejedor experto que entrelaza hilos con precisión y un diseño preconcebido.

Tu vida no es un accidente, una casualidad, ni un error de tus padres. Fuiste diseñada de forma cuidadosa, Dios es el artesano. Tus características físicas, emocionales y tu temperamento son hilos que Él entrelazó.

Dios te conoce desde el vientre, ha visto tus peores días, tus dudas sobre el futuro y tus errores. Sin embargo, Su amor por ti permanece firme, porque no depende de tus méritos, sino de Su gracia.

Se ha definido al embrión como un organismo inacabado y sin forma, pero para Dios no es así. Desde el principio te cubre con misericordia y te sostiene con fidelidad. Su Palabra declara que tus días están escritos en Su libro, lo que significa que tu existencia tiene un propósito eterno.

En el ordenamiento jurídico colombiano una persona se considera legalmente como tal, desde el momento del nacimiento.

Para Dios la identidad y el valor de la vida humana no empiezan cuando el bebé nace, ni cuando empieza a latir su corazón, ni cuando adquiere conciencia, el valor está presente desde el primer hilo del tejido.

Un llamado a honrar la vida

Desde el año 2022 en Colombia, la interrupción voluntaria del embarazo dejó de ser considerada un delito si se realiza antes de las 24 semanas (6 meses). Hoy muchas mujeres viven bajo sus propios estándares y prioridades y esa presión social fue determinante para la implementación de esta ley.

Reconozco la importancia de conocer y aplicar la ley, pero también entiendo que lo que dicta la sociedad o las normas humanas, no son mi fundamento definitivo si deshonran a Dios. Para mí, lo verdaderamente imperativo es el plan original de Dios.

La ley puede cambiar, las opiniones pueden variar, pero la Palabra de Dios permanece, como he dicho Dios te mira como una hija amada, cuyo diseño original fue planeado detalladamente.

¿Quien cometió el acto del aborto aún tiene esperanza? Si.

Debes entender que en ese momento de tu vida, obrabas según la sabiduría humana del mundo, pero no conforme al plan eterno de Dios. Si hay un genuino arrepentimiento en Cristo hay restauración, porque la misericordia del Señor jamás se agota.

Lo que hoy reconoces como pecado, puede convertirse mañana en un testimonio vivo de redención, en donde honres la vida y reflejes la esperanza que solo Cristo puede dar. El aborto no define tu identidad, no abandones la fe.

Y si sufriste una pérdida, debes recordar que ese embrión ya era visto, amado y que sus días estaban en el libro de Dios, su vida prenatal nunca pasó desapercibida para nuestro Creador.

Rompiendo patrones, la maternidad desde la mirada de Dios

La mayoría de quienes somos madres hemos escuchado la frase: «Cuando seas madre me vas a entender». Sin embargo, esta expresión suele ser utilizada de forma inadecuada, pues está cargada de pensamientos errados y conductas destructivas heredadas.

Nos hemos acostumbrado a escuchar que ser madre implica sufrimiento, que debemos pagar facturas emocionales de nuestra infancia e incluso que debemos aceptar la repetición de patrones de violencia, transmitidos de generación en generación.

Pero cuando tu referencia es la fidelidad de Dios, todo cambia. Tu maternidad deja de medirse por cuánto dolor soportas y comienza a reflejar la gracia y el cuidado del Padre celestial.

No estás condicionada a repetir lo que recibiste, eres llamada a vivir y enseñar a tus hijos Su Palabra, en donde la vida se honra y el amor se transmite sin ataduras.

¿Cómo aplicamos esto hoy?

Primero, hoy muchos jóvenes viven deprimidos y confundidos, por ello es vital enseñarles que su vida no es casualidad. Dedica momentos en familia para agradecer por la vida, orar juntos y afirmar que cada uno es amado.

Cuando tus hijos enfrenten tristeza o presión social, muéstrales que el verdadero fundamento de su identidad está en Cristo, no en las opiniones cambiantes del mundo.

Segundo, no emitas reproches ni recordatorios constantes sobre lo que cuesta criarlos. Recuérdales que su sustento proviene del Padre celestial y que tu rol es ser canal de esa provisión.

Amar no significa ausencia de disciplina. Establece normas claras y firmes, pero siempre desde la convicción de que tus hijos son herencia del Señor, no propiedad tuya.

Tercero, asegúrate de no participar en prácticas que vulneren la vida. No avales ni normalices conductas que atenten contra la dignidad humana, aunque la presión social o legal las permita.

Defiende a quienes no pueden protegerse, especialmente a los niños y a los más indefensos. Tu voz y tus acciones son instrumentos de Dios para salvaguardar la vida.

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